Cuentos de Medianoche
Beatriz puso las ultimas esperanzas en un grupo de curanderos que la llevarían mística y espiritualmente hasta algún lugar perdido en la zona austral de Chile, sin sospechar que su tránsito por la dimensión espiritual la dejaría expuesta a los “Devoradores”, seres hambrientos de consumir la sustancia de la que estaban hechos los espíritus humanos.
Pudo verlos y ser testigo del modo en que se alimentaban de lo que ella era, pero toda la experiencia fue para ella imposible de describir, pues si bien no había rastros del cáncer que la aquejaba, nunca pudo volver a comunicarse con otras personas.
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Me subí al Uber y la dejé sentada y casi dormida en una escalera de la vía pública, pidiéndome con gestos y movimientos erráticos que no la abandone. Nunca había estado ni cerca de lo alcoholizada que estaba ese día, no se podía sostener en pie. Eso fue lo que me desesperó, lo que me enojó.
Por semanas engrosó la lista de mujeres desaparecidas, hasta hoy, que apareció y se suma a la lista de mujeres asesinadas. Quizá que atrocidades vivió en sus últimos días. Desearía no haberme enojado. Sólo quiero oír pronto el crujir del arco neural del axis, La Fractura del Ahorcado. No puedo con la culpa.
--SHS--
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