Rollercoaster

Altibajos emocionales, esa era una característica central de Pedro.

Hoy día se siente bien, tranquilo, estable; pero no siempre ha sido así. Generalmente tiene una imagen de sí mismo algo inflada: "fue un alumno ejemplar en cuanto a notas", "siempre destaca en las pegas", "nunca dio problemas en la casa", "siempre lo buscan cuando hay alguna dificultad", "está disponible para apoyar en todo siempre". Y con todos esos elementos que alimentan su autoconcepto, es fácil para él mostrarse locuaz, sociable, dicharachero y hacer que las conversaciones sigan un ritmo que él impone, usa el humor, su facilidad para distraerse y otras artimañas para ser integrador a la vez que impulsivo.

Pero llegan momentos en que por razones que le han dicho que son químicas esto se vuelve extremo.
Se involucra en muchos equipos de trabajo (activismo, política, deporte); y también actividades en singular: (leer compulsivamente, escribir, ir a bares a cantar karaoke, no dormir), hasta que empieza a sentir que hay confabulaciones en su contra, o que acciones y/o situaciones que son del todo cotidianas, tienen una especial relación con él, comenzando a evitar las interacciones, aportando poco a los diálogos, encerrándose en pensamientos defensivos.

Incluso, una vez que pasó cerca de un pájaro atropellado, y olió sin querer la putrefacción, estuvo seguro de que la podredumbre había ingresado en su organismo y no sabía como sacarla. Se indujo vómitos, quiso "sudarla" a través del ejercicio, pensaba en abrir sus vísceras para sacar una bolsa de gusanos imaginarios desde su interior, pero le ajustaron los medicamentos y le mostraron lo irracional de aquellos pensamientos, lo cual le permitió dejar esa experiencia atrás.

Por aquel entonces no pudo mantener su trabajo -que de todos modos se había vuelto una mierda-, ni finalizar sus estudios de postgrado.

Luego están los bajones. De pronto pierde el interés por lo que ha estado realizando, se empieza a sentir fatigado y con mucho sueño, no logra concentrarse y mucho menos tomar decisiones. Lo cual, si lo piensa, en parte es positivo, por que aparecen las malditas ganas de desaparecer, y este desgano le ha impedido concretar.

Y luego está la estabilidad, de la que goza ahora, y que le permite reconocer que tiene una buena vida, gente buena a su alrededor, graciosa, tierna, preocupada, y uno que otro proyecto que lo desafía intelectualmente, esperanzado en que esta sensación se prolongue el mayor tiempo posible.

--SHS--

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