Que en la infancia salieran rayos y centellas, por artimañas zodiacales conjugando una tribu en desarrollo con distintos caminos a trazar. Eso es el asombro, notarlo. Un trasfondo negro, donde los destellos aparecían sin previo aviso. Que el monstruo que utilizaban, para encauzar en mí un camino recto corriera, en jugarreta, al ser sorprendido por la noche queriendo olvidar el espanto de lo que hacía día a día, y de lo que algún día sería capaz de hacer. Asombroso me parece, que con una base capitalista, reconocida por uno de sus iconos, en estandartes y galardones a mi nombre, haya optado por el estudio del alma y las pasiones. Mirándolas detenidamente, con paciencia y respeto, para llevar el pan a la mesa. Obligado a revertir las pupilas al interior, y convencido de la belleza de que, en días nublados, siempre hay una grieta por la que pasa la luz. Ese soy yo, o lo he sido. Blanco, negro y a duras penas grises difuminados. Pero me he encontrado con días de playa, a punto de ser venci...